I beckon to him

A lo largo de la historia, desde los orígenes del Arte, el hombre ha dejado constancia de su capacidad creativa e inventiva, discursando sus hipótesis en su hacer o con la convicción profunda de que creaba a partir de esas funciones que imponen las creencias y las normas de conducta. Desde entonces, la ritualidad es percibida como realidad viviente que opera sobre el mito, y que ha permitido a muchos creadores edificar sus discursos construyendo imágenes cuya semántica se definen al ser utilizadas desde estos contextos.

En general. Las civilizaciones están siempre vinculadas al empleo de ciertos sistemas de signos, que hoy a escala universal interactúan como códigos establecidos por el propio hombre. El movimiento del espíritu humano depende de ello, pues hay una vertiente que parece natural al hombre y lo condiciona a localizar, interpretar y utilizar los signos. Esto por supuesto es un hecho que resulta beneficioso y lógico a la vez, ya que en varios artistas los presupuestos conceptuales han maniobrado desde estas coordenadas, sobre todo, cuando la figuración humana desaparece de la realidad visible para dar paso a una puesta en escena donde el signo asume su papel protagónico a la hora de enfocar cualquier lenguaje artístico y social.

El arte es una de las experiencias que condicionan al hombre a erigir en su acción constante, un Dios Creador, y este a su vez le condena, por los siglos de los siglos a una perpetua búsqueda de expresión, ¨ Si acepto que un Dios sea absoluto y más allá de toda expresión humana, no obro sobre él…… si en cambio se que un Dios es una poderosa actitud de mi alma, debo entonces ocuparme de él ¨…. Jung.

Marilú Mercedes, un poco cómplice por esa actitud arqueológica de buscar en los recuerdos religiosos de su familia, ofrenda a los dioses, sus dioses, su tributo reciclado de imágenes y símbolos y como el vuelo de un colibrí manifiesta un devenir zigzagueante en estos últimos tiempos.

Las series presentadas en su trabajo de diploma responden a etapas de reflexiones e investigaciones, imbricadas en nuestras raíces de origen africano, muy particularmente la religión Yoruba.

Los que en cierta medida han podido registrar su proceso creativo en su contexto familiar, contexto devenido en contenidos, y desde donde la memoria ha operado como soporte de indagación para solidificar su pensamiento visual, han percibido y tomado conciencia que su obra en papel reciclado es el puntal que refleja las dudas, aciertos y desaciertos que intervienen en su proceso creativo.

La joven creadora apoyándose en los símbolos geométricos logra establecer una relación entre soporte y materia imponiendo a su vez un ordenamiento rítmico en sentido general. El círculo, el cuadrado, el espiral y la cruz con sus correspondencias cósmicas y religiosas operan con la intención de convertir su obra en un mensaje filosófico y la sitúan más allá de su propio espacio. Es como una meditación sobre el poder de iniciación de los signos, en el cual intervienen los recuerdos de su infancia archivados en su memoria, para sugerir un mensaje que se presta a diversas lecturas y que operan en diferentes niveles de la conciencia del receptor. La naturaleza de sus imágenes iconográficas ceden al signo un poder axiológico, coexistiendo en el mismo una pluralidad de significados en un solo significante, lo cual permite al espectador un enlace de definiciones de obra abierta que caracteriza al arte de nuestros días. Por tal motivo este nuevo recorrido que efectúa la artista la sitúa en una perspectiva completamente nueva, y en mi opinión con muchas posibilidades de expresión simbólica y creación plástica. Marilú Mercedes re-crea con esa peculiar manera de explorar y mostrar ese nuevo contexto mítico-religioso, en que el signo, su signo ha actuado como arquetipo de una experiencia espiritual vivida.

Master Miguel Mariano Gómez Hernández
Profesor del Instituto Superior de Arte,
La Habana, Cuba, 2005.