Al Punto de lo Mágico (Ritualidades Cotidianas).

Como esperábamos, las autopistas de la información invaden ya la vida cotidiana. Los multimedia se instituyen como una posibilidad tremenda para la comunicación del arte. El consumidor de arte puede acceder on line desde una pantalla de ordenador mediante una subscripción pagada a un vasto, específicamente de arte. Es el primer paso hacia la globalización del arte. Así que por los días que corren, en los que se produce el dominio global que aspira a trocarse disciplina del espíritu, una homologación que se constituye indudablemente en una amenaza cierta al carácter de la identidad, la gran contradicción se establece: “Personalizar vs. Despersonalizar “.

Al macro evento social que elimina el carácter del individuo, el artista responde con el microevento de su vida, su historia y vivencias, el peso sin definir de sus ascendientes. La memoria.

Marilú Mercedes Martínez Ruiz (Guantánamo, 1972) configura el discurso de una etapa construida desde sus experiencias en el Instituto Superior de Arte (I.S.A) y en su vida, en esta Expotesis, donde no sólo se manejan materiales opuestos: Efímeros (papel reciclado, tela, plumas, cera, madera, bejucos, materias orgánicas, sensibles a la humedad, al calor, a los insectos) y duraderos (metales y mármol), con el fin de dar cuerpo coherente a la representación de sus recuerdos, a la presencia lejana de su ascendiente (su abuela) ya ida; si no, pule un discurso donde se funden presupuestos contrarios: desde técnicas adquiridas que pudieran despersonalizar su obra, la dominación de sus posibilidades, para dar cuerpo a su propio imaginario. Un conjunto de imágenes que se desprende de una iconografía sígnica, un símbolo. No la vuelta atrás, que pudiera interpretarse como retrógrada, no vivir y morir en pasado, sino el acto de beber en la memoria para expresar su circunstancia, encontrando su Yo, en el presente que vive, y hacia el futuro al que pertenece.

El conjunto de instalaciones y dibujos nos pone en evidencia, a la grabadora apasionada que “ siente ” el papel reciclado como signo aleatorio de recuerdos, testimonios, una flora dispersa (hojas y flores) todo mezclado, desaparecidos como formas, pero presentes como ímpetu, en parte concreta de su memoria. Luego los dibujos, donde la figuración establece un cosmos espiritual y terrenal en una evolución inseparable de la muerte y la vida, lo natural de la relación que invade incluso los pigmentos usados, todos remiten a la tierra, al agua, al aire, al fuego.

Las instalaciones adquieren en la riqueza de su tridimensionalidad una cualidad autobiográfica también en el plano simbólico. Así la pieza “ Pie de amigo ” determina su estatura actual y la que tuvo en su temprana infancia, mientras el papel representa respectivamente la pureza, el aprendizaje, la experiencia. Esta clave, nos conduce a otras que estipulan una especie de arqueología espiritual (“Si de recuperar se trata”) donde el retrato de su abuela está dibujado con tinta transparente sobre papel reciclado y colocado en un marco que fue de ella, o “ La puerta ” hecha de papel reciclado, contenedora de un vademécum de testimonios, todo filtrado dentro del papel, donde muy subrepticiamente aparecen ojos y lengua como signos protectores. La puerta que guarda a los moradores de la casa y sus secretos. La puerta que custodia con su solidez falsa (la puerta es sólo papel). Así que siguiendo la tradición heredada, guardada en la memoria adquiriendo profundidad de raíz, surge entre tanta búsqueda el deseo de limpiar su camino, los caminos, ación que halla cuerpo en las piezas: “ en el constante ejercicio por mantenerme limpia ” en sus dos variantes: la espiral con espigas de fibra y una espiga de fibra enorme realizada en hierro, son las escobas de nuestras abuelas que todavía usan en los campos.

Con esta muestra, Marilú Mercedes da una respuesta a la impersonalidad belicosa de la globalización en ascenso. Con su arte construye un puente entre el hombre, su memoria y la sociedad.

Lic. Lázara Castellanos
Junio, 2000.